Un futuro intergeneracional para un mundo que cambia a gran velocidad
01/10/26
La Semana Mundial apuesta por la conexión entre generaciones y reivindica el valor de las personas

Podemos vivir más años, trabajar de otra manera y disponer de una tecnología capaz de transformar nuestras vidas. Pero ¿estamos aprendiendo también a escucharnos y a entender a quienes han crecido en un contexto diferente al nuestro?
La 52.ª Semana Mundial del Col·legi de Mediadors d’Assegurances de Barcelona, celebrada en L’Auditori bajo el lema «Cuatro miradas, un solo futuro», puso el foco en conectar generaciones y poner en valor aquello que nos hace humanos.
Baby boomers, generación X, millennials y generación Z comparten hoy empresas, familias y sociedad, pero no siempre entienden de la misma manera conceptos como el éxito, el trabajo, la seguridad, el esfuerzo o la tecnología. Para el Col·legi, esas diferencias pueden ser una oportunidad para escucharse, comprenderse y aprender unos de otros.
Así lo expresó su presidente, Francesc Santasusana, al inicio del acto: «El futuro no pertenece a una generación concreta. Se construye cuando varias generaciones deciden escucharse».
Una edición significativa para Santasusana, que anunció que esta sería su última Semana Mundial como presidente y quiso convertirla en una declaración de legado: «Un Col·legi preparado para el relevo, abierto a incorporar nuevas miradas sin renunciar a su historia y convencido de que experiencia y juventud no compiten, sino que se necesitan».
Cuatro maneras de mirar una misma realidad
La conversación central, conducida por Iñaki Gabilondo, reunió a Xavier Marcet (baby boomers), Montse Cespedosa (generación X), Laura Baena (millennials) y Carlos Martínez (generación Z).
Cuatro trayectorias que mostraron cómo el contexto condiciona la manera de mirar la vida. Marcet habló de esperanza, responsabilidad y esfuerzo; Cespedosa, de formación e independencia; Baena, de las dificultades para conciliar carrera profesional y cuidados; y Martínez aportó la visión de una generación que percibe un mundo global, cambiante y lleno de oportunidades.
Las diferencias se hicieron visibles, pero también los puntos de encuentro. Al hablar del éxito, el reconocimiento profesional y económico convivió con conceptos como la libertad, la tranquilidad, la familia, el equilibrio y la capacidad para decidir sobre el propio tiempo. Y la seguridad dejó de aparecer únicamente vinculada a una nómina o a la estabilidad laboral para relacionarse también con la formación, la capacidad de adaptación, la confianza en uno mismo y la comunidad.
Más tecnología, más necesidad de criterio
Las redes sociales y la inteligencia artificial mostraron otra de las paradojas de nuestro tiempo: nunca habíamos tenido tantas posibilidades de acceder a información, conocimiento y personas y, al mismo tiempo, había sido tan importante saber elegir.
Gabilondo lo resumió recordando que, frente a una oferta prácticamente infinita, seguimos teniendo 24 horas al día. El reto es aprender a elegir y a descartar.
Sobre la inteligencia artificial, Marcet defendió afrontarla con «poco miedo, mucha práctica», pero dejó una de las ideas centrales de la conversación: «IA habrá mucha, pero no habrá sabiduría artificial».
Vivir más, pero también vivir mejor
La longevidad, la demografía y los cuidados completaron la conversación. Una sociedad con menos nacimientos y más personas viviendo durante más años obligará a repensar el trabajo, las pensiones, la vivienda y, especialmente, cómo organizamos los cuidados.
«El verdadero reto no consiste únicamente en vivir más. Consiste en vivir mejor», afirmó Santasusana, vinculando esta transformación con la esencia del seguro: proteger y acompañar a las personas a lo largo de su vida.
«¿Qué vamos a hacer?»
Después de hablar de éxito, trabajo, seguridad, tecnología, cuidados y futuro, las cuatro generaciones terminaron encontrándose en valores muy similares: ilusión por hacer cosas que valgan la pena, equilibrio, criterio, tranquilidad y voluntad de mejorar y hacer crecer a quienes tenemos alrededor.
Iñaki Gabilondo cerró entonces la conversación con una última reflexión. Durante años preguntó a científicos del mundo qué iba a ocurrir en el futuro hasta comprender que quizá la pregunta estaba mal formulada.
El futuro no es algo que vaya a sucedernos. Se está construyendo ahora.
Por eso, la pregunta no es únicamente «¿qué va a pasar?», sino «¿qué vamos a hacer?».
El apoyo de un sector que ha hecho suyo el cambio
El Col·legi agradeció especialmente el compromiso de las compañías y entidades patrocinadoras, cuyo apoyo hace posible seguir haciendo crecer este encuentro.
En esta edición, ese agradecimiento cobra un significado especial. La Semana Mundial ha evolucionado hacia un formato más abierto a la conversación y a cuestiones que trascienden el ámbito asegurador para abordar los grandes cambios que afectan a las personas, las empresas y la sociedad.
El Col·legi agradece a sus patrocinadores la confianza y su apuesta por un formato capaz de mirar al sector, pero también más allá de él.
Una conversación que continúa fuera de L’Auditori
Pero el propósito de esta edición no era únicamente reunir a cuatro generaciones sobre un escenario. La verdadera intención era que la conversación continuara más allá de la Semana Mundial y que cada persona pudiera trasladar alguna de sus reflexiones a su propia realidad.
Quizá escuchar más antes de juzgar a quien entiende el trabajo de otra manera. Aprovechar mejor la experiencia de quienes llevan décadas tomando decisiones. Dar espacio a quienes llegan con nuevas prioridades y preguntas. O aceptar que otra generación puede enseñarnos algo precisamente porque ha vivido una realidad diferente.
Para la mediación aseguradora, significa también comprender que los clientes están cambiando: sus prioridades, su relación con la tecnología, su percepción del riesgo, sus necesidades de protección y la manera en que esperan relacionarse con un profesional no son necesariamente las mismas en todas las generaciones.
Porque convivir entre generaciones no consiste en conseguir que todos pensemos igual, sino en conectar nuestras diferencias y convertirlas en una fortaleza.
Vivimos más años, convivimos más generaciones y la tecnología seguirá transformando nuestra manera de trabajar y relacionarnos. El futuro será necesariamente compartido.
Ese es el mensaje de «Cuatro miradas, un solo futuro»: escuchar otras miradas, aprender de la experiencia e incorporar nuevas formas de pensar puede ayudarnos a ser mejores profesionales, mejores compañeros y, sobre todo, mejores personas.
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