Cultura aseguradora: la gran asignatura pendiente

21/05/2026

Solo uno de cada tres españoles entiende conceptos básicos de seguros

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El seguro forma parte del día a día de millones de personas. Hogar, automóvil, salud, vida, responsabilidad civil o ahorro son productos presentes en la vida cotidiana de familias y empresas. Sin embargo, el nivel general de comprensión sigue siendo sorprendentemente bajo. Un reciente estudio impulsado por Mapfre y elaborado por YouGov pone cifras a una realidad que el sector conoce desde hace años: solo uno de cada tres españoles afirma entender correctamente conceptos básicos del mundo asegurador, como prima o franquicia.

 

El dato resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta el peso económico y social del seguro y su papel como herramienta esencial de protección financiera. El informe evidencia una brecha significativa entre contratación y comprensión: los ciudadanos contratan seguros, pero no siempre entienden exactamente qué están comprando.

 

Prima, franquicia y exclusiones: conceptos todavía confusos

 

Según el estudio, únicamente un 31,9% de los encuestados afirma comprender bien qué es una prima, mientras que un 31,3% dice entender correctamente el concepto de franquicia. Son porcentajes muy bajos para términos absolutamente estructurales en la contratación aseguradora.

 

La situación mejora ligeramente en conceptos algo más intuitivos como coberturas (50,9%), exclusiones (47,8%) o valor asegurado (43,5%). Aun así, ni siquiera estos términos alcanzan niveles de comprensión plenamente satisfactorios. La conclusión es clara: una parte importante de la población convive con seguros sin conocer adecuadamente límites, alcance o funcionamiento real de sus pólizas. Y eso tiene consecuencias.

 

Muchas insatisfacciones del cliente nacen no de un mal producto, sino de expectativas incorrectas. El problema aparece cuando el asegurado descubre durante un siniestro que no entendía realmente aquello que había contratado.

 

España presenta una penetración aseguradora elevada en determinados ramos. Los productos más comprendidos son precisamente los más extendidos: auto y moto (82%), hogar (80%) y salud (70%). La familiaridad y recurrencia explican parte de este mayor conocimiento. Sin embargo, cuando aumenta complejidad o menor exposición, cae drásticamente la comprensión:

 

  • seguros de dispositivos: 48%;
  • responsabilidad civil: 47%;
  • vida-ahorro: 35%;
  • protección de pagos: 24%.

 

Es decir, precisamente aquellos productos donde el asesoramiento resulta más relevante son los menos entendidos por el consumidor medio.

 

Brecha generacional

 

El estudio también revela una brecha generacional significativa. A medida que aumenta la edad, mejora el conocimiento asegurador. En algunos conceptos, los niveles de comprensión de los baby boomers llegan a triplicar a los de la generación Z. Esto responde a varios factores: mayor experiencia vital; más exposición a contratación; mayor patrimonio asegurado; y necesidad progresiva de productos más sofisticados.

 

En cambio, los jóvenes presentan menor familiaridad con conceptos financieros y aseguradores pese a desenvolverse mejor en entornos digitales. Paradójicamente, son generaciones hiperconectadas pero insuficientemente alfabetizadas en protección financiera. Esta realidad representa un reto estructural para el sector.

 

Parte del problema no recae únicamente en el consumidor. El sector arrastra todavía déficits históricos de comunicación. Documentación extensa, lenguaje jurídico, condicionados complejos y exceso de tecnicismos dificultan comprensión real. El seguro es, por naturaleza, un producto técnico. Pero técnico no debería equivaler a opaco. La creciente sofisticación de productos hace todavía más urgente simplificar explicación y pedagogía. No basta con cumplir formalmente obligaciones informativas. Hay que lograr comprensión efectiva.

 

El papel diferencial del mediador

 

Este contexto refuerza extraordinariamente el valor de corredores y agentes. Cuando el cliente no comprende adecuadamente productos, el mediador deja de ser mero distribuidor para convertirse en traductor de complejidad. Su función consiste precisamente en: explicar coberturas, contextualizarlas exclusiones, ajustar necesidades, prevenir infraaseguramiento y, sobre todo, acompañar decisiones.

 

En un entorno de baja cultura aseguradora, el asesoramiento humano gana relevancia estratégica. La verdadera ventaja competitiva del mediador no reside solo en acceso a producto, sino en capacidad pedagógica. Ayuda al cliente a comprender qué contrata, por qué lo contrata y cuándo realmente le protege. Eso reduce conflicto, mejora experiencia y fortalece confianza.

 

El estudio de Mapfre amplía además el foco hacia educación financiera general. Aunque el 63% considera muy importante la educación financiera y el 83% se muestra confiado gestionando sus finanzas, el nivel de conocimiento autoevaluado apenas alcanza un 5,5 sobre 10. Existe por tanto una clara disonancia entre percepción y realidad. Muchos ciudadanos creen dominar conceptos financieros básicos sin hacerlo realmente. Esto afecta no solo al seguro, sino también al ahorro, la inversión, la jubilación y el endeudamiento.

 

Solo un 32,8% está preparando activamente su jubilación, aunque casi la mitad desearía empezar a hacerlo. La falta de cultura financiera y aseguradora limita capacidad de previsión. Más allá del diagnóstico, estos datos representan también una oportunidad. Existe margen enorme para reforzar relación con cliente a través de educación. Las entidades y mediadores pueden aportar valor mediante contenidos pedagógicos; revisiones periódicas de pólizas; asesoramiento preventivo; contenidos pedagógicos; revisiones periódicas de pólizas; asesoramiento preventivo; simplificación documental y formación digital. La cultura aseguradora no debería activarse solo tras un siniestro. Debe construirse antes. La cultura aseguradora no debería activarse solo tras un siniestro. Debe construirse antes.

 

El seguro cumple una función social esencial: proteger la estabilidad económica ante incertidumbres. Pero esa protección pierde eficacia si el cliente no comprende suficientemente aquello que contrata. La confianza no nace únicamente de pagar siniestros. También nace de la comprensión. Entender qué cubre una póliza, cuáles son sus límites y cómo funciona un producto genera seguridad psicológica y satisfacción. El reto del sector no es únicamente vender más seguros. Es conseguir que los clientes los entiendan mejor. Y en ese objetivo, la mediación profesional tiene probablemente uno de sus argumentos de valor más potentes para el futuro.

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